martes, 21 de abril de 2009

EL PENSAMIENTO COMPLEJO DEL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR

Autonomía para, reflexionar y perfilar, paso a paso, aprendiendo a aprender, articulados a otros y otras, escuchando con paciencia, percibir angustias deseos y necesidades. En el devenir por gobernar obedeciendo, no a las verdades revelados, no al dogma sagrado.Caminamos preguntando, sin rencor sin fantasmas, ni fanatismos, nos resistimos a los monstruos y nos revelamos cuando avasallan la dignidad y la libertad la justicia, la fraternidad, la solidaridad, la reciprocidad y la diversidad.

EL PENSAMIENTO COMPLEJO DEL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR
«Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad»

Hernando Vanegas Toloza
Vivimos y soñamos juntos
« ¿Por qué los indígenas son objeto de represiones sangrientas y generan ansiedad en los poderosos por separarlos de la lucha de clases y de los movimientos de liberación de los pueblos, si los valores que representan son solamente de interés arqueológico?
Los mayas de Guatemala responden: “Nos matan porque trabajamos juntos, comemos juntos, vivimos juntos, soñamos juntos”
Así, contra la ley capitalista de la ganancia, ellos proponen la vida compartida, la reciprocidad, la ayuda mutua, que antaño inspiró la Utopía de Tomás Moro y que hoy nos ayuda a descubrir la cara americana del socialismo, cuyas raíces más profundas se encuentran en la tradición comunitaria.
De acuerdo con la ideología hegemónica actual, el indio, el negro, el pueblo, tiene folklore, no cultura; practica supersticiones, no religiones; habla dialectos, no lenguas; hace artesanías, no arte. Y –por supuesto- usa placebos, no medicina. » 1
En un tiempo todos éramos diversos, simples y complejos
La diversidad étnica y cultural de los antiguos y originarios pobladores de lo que hoy se conoce como Latinoamérica era en extremo rica, en donde se reconocían las diferencias, las interrelaciones e interdependencias de las tribus que, por ejemplo, realizaban sus «trueques» con otras tribus en condiciones de igualdad y sin violencias de ninguna especie.
Con notables excepciones, las relaciones intertribales se realizaban en el reconocimiento del otro, en el respeto a las creencias y organización propias de ese otro, y su cosmología estaba basada en la multiplicidad de sus dioses que establecían contacto con ellos a través de sus chamanes, mamos, mohanes y jaibanes, etc.

Monumento a la Cacica La Gaitana
Con la primera globalización (invasión europea), se borra violentamente esta diversidad por lo que algunos autores llaman «procesos de guerra biopolítica», el cual implicaba un proceso paradójico de homogeneización-exclusión con la espada y la cruz, que intentaba la igualación por medio de la catequesis cristiana (la conversión de los «salvajes» a la civilización cristiana) para lograr el «Temor a Dios», el avergonzamiento de su cultura, de su propia identidad, a la vez que se adelantaba un proceso de exclusión mediante su dominación, con la expoliación de sus bienes materiales y espirituales, con la explotación de sus virtualidades. 2
Este proceso no se produjo sin resistencia de los indígenas, como la reseñada por Gutiérrez Hinojosa 3 sobre la valentía y gallardía de los combatientes caribes, así como la gesta heroica de la Cacica Gaitana en 1538 que ante la atroz muerte de su hijo infringida por el español Pedro de Añasco decide buscar apoyo de los caciques de las tribus piramas, paeces, guanacas y yalcones para tomar venganza, la cual realiza dando el mismo trato que el español dio a su hijo. (www.farcep.org/) 4
Proceso que se va consolidando en La Colonia con la formación de tipos de sujetos diferentes: los españoles, grupos y castas de españoles y los hijos de
españoles –los criollos-, conformando el grupo dominante, con todos los derechos y
prebendas; y el grupo de los dominados (indios, negros, zambos y mestizos), sin derechos y sin la posibilidad de ser considerados siquiera seres humanos.
El Estado, el poder, en manos de los españoles, mantenía y reproducía el proceso de homogeneización-exclusión, y los indios, los negros, los zambos y los mestizos, vivían en condiciones de esclavitud inaudita, perpetuada por la Corona mediante las diversas figuras que tomó tal explotación: Encomienda, etc.
Dicho proceso hay que decirlo, contó con la enorme resistencia de los excluídos de América y en Colombia son de resaltar la lucha de los Comuneros, encabezados por Manuela Beltrán, en la población de El Socorro (Santander), cuando el 16 de marzo de 1781 el pueblo se levantó contra el alza de impuestos.
A pesar de la resistencia, en el mejor de los casos se produjo una hibridación entre la visión cristiana occidental y las múltiples visiones de los indios y negros, formando un enorme tejido social complejo y sistémico, hibridación que tampoco es entendida por el Estado y son desconocidas, o no vistas por el paradigma dominante. Pasamos así de una visión múltiple, compleja, a la visión simplista, homogeneizadora del cristianismo de los Reyes Católicos.
Un 20 de julio de 1810, en la plaza de Santafé de Bogotá, capital de la Nueva Granada, se da el grito de independencia, paso previo a la lucha por la independencia de la Corona Española. Ya Venezuela había hecho la revolución destituyendo al capitán general Emparau el 19 de abril de 1810 y se declaró independiente el 5 de julio de 1.811.
Policarpa Salavarrieta
La Lucha Libertadora y el Libertador Simón Bolívar
«Mi espada desconocerá su funda, mientras dure el oprobio y la injusticia que sojuzga a mi pueblo»
Surge la enorme figura de El Libertador Simón Bolívar, criollo venezolano, hijo de aristócratas puros, quien recibió su educación de su maestro, Don Simón Rodríguez, hoy conocido como un portento de la educación. De la mano de Simón Rodríguez, el entonces joven Bolívar conoció y leyó profundamente a Rousseau, Montesquieu, y demás autores de la llamada Ilustración, así como el aprovechamiento de la biblioteca del marqués de Ustáriz, en Madrid y luego en el París de 1804-1805, al punto que «su desarrollo intelectual se nutre, fundamentalmente del iluminismo de los enciclopedistas y del proceso desencadenado por la Revolución Francesa». (Pividal F. Simón Bolívar. La vigencia de su pensamiento. Casa de las Américas.)
Bolívar dedicó muchas horas de su vida a leer, para «aprender las lecciones de la sabiduría universal y de la historia», a conocer las lenguas más útiles y a hablar consigo mismo, es decir, a la reflexión. (Pérez Ramos Demetrio. Simón Bolívar el Libertador. Ed Anaya, S.A. Madrid, 1988)
La lucha Libertadora se realizó venciendo ingentes dificultades, con derrotas que hubieran desalentado a cualquier otro que no poseyera la voluntad férrea y la claridad meridiana de sus objetivos.
Bolívar mostró su genio guerrero pero también su enorme formación humanista durante la campaña independentista, y la enorme complejidad de su pensamiento, madurado en medio de las incertidumbres que produce la lucha por la independencia, está rubricada en una creatividad original de sus escritos militares, escritos políticos, y en sus escritos y práctica en la construcción de una República indivisible y central que le proporcionara la fortaleza debida y en el Congreso de Angostura muestra su pensamiento complejo: «Para sacar de este caos nuestra naciente República, todas nuestras facultades morales no serán bastantes si no fundimos la masa del pueblo en un todo; la composición del gobierno en un todo; la legislación en un todo; y el espíritu nacional en un todo. Unidad, unidad, unidad, debe ser nuestra divisa. La sangre de nuestros conciudadanos es diferente, mezclémosla para unirla; nuestra Constitución ha dividido los poderes, enlacémoslos para unirlos; nuestras leyes son funestas reliquias de todos los despotismos antiguos y modernos, que este edificio monstruoso se derribe, se caiga y apartando hasta sus ruinas, elevemos un templo a la justicia» y es allí en donde esbozó su más caro sueño: «La reunión de la Nueva Granada y Venezuela en un grande Estado ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas Repúblicas. La suerte de la guerra ha verificado este enlace tan anhelado por todos los colombianos; de hecho estamos incorporados», base de la propuesta de unidad Latinoamericana.
Bolívar no sólo conformó un ejército libertador, sino que supo vencer los celos y las discordias dictadas por las ciegas pasiones, para lograr su otro sueño, como le escribía al ministro Gual: « a mí es que me falta redondear a Colombia, antes que se haga la paz, para completar la emancipación del Nuevo Continente”, como en efecto lo hizo, liberando a Perú y creando a Bolivia, ya que como lo plantea Pividal interpretando a Bolívar “la independencia nacional de los pueblos es el primer acto de cultura que debe realizar el hombre». (Pividal. Íbidem, pág 9).
El Libertador como estadista es fundador de naciones, crea sistemas de gobierno de acuerdo con las circunstancias de la América Meridional y como muestra de su pensamiento decía en La Carta de Jamaica, el 6 de septiembre de 1815, «todavía es más difícil presentir la suerte futura del Nuevo Mundo, establecer principios sobre su política, y casi profetizar la naturaleza del gobierno que llegará a adoptar. Toda idea relativa al porvenir de este país me parece aventurada. »
Y como si lo hubiese escrito hoy, cuando estamos hablando del fin de las certidumbres: «¿Se pudo prever cuando el género humano se hallaba en la infancia, rodeado de tanta incertidumbre, ignorancia y error, cuál sería el régimen que abrazaría para su conservación? ¿Quién se habría atrevido a decir, tal nación será república o monarquía, ésta será pequeña, aquélla grande? En mi concepto, esta es la imagen de nuestra situación. Nosotros somos un pequeño género humano: poseemos un mundo casi aparte; cercado por dilatados mares, nuevo en casi todas las artes y ciencias aunque en cierto modo viejo en los usos de la sociedad civil.» (Documentos Simón Bolívar. Casa de las Américas. Pg 45-46)
Precisamente, en 1.812 en el Manifiesto de Cartagena, como visionario había planteado: « Es preciso que el Gobierno se identifique, por decirlo así, al carácter de las circunstancias, de los tiempos y de los hombres que lo rodean». (Pividal, Íbidem pg 22) Planteamiento revolucionario no sólo en su época, sino que conserva enorme vigencia. Es más, como si fuera contra sus detractores de ayer y de hoy, que lo califican de dictador, planteaba el 2 de enero de 1814 ante la Asamblea Popular en Caracas: «Os he dado leyes; os he organizado una administración de justicia y de rentas; en fin os he dado un gobierno.
Ciudadanos: yo no soy el soberano. Vuestros representantes deben hacer vuestras leyes; la hacienda nacional no es de quien os gobierna. Todos los depositarios de vuestros intereses deben demostraros el uso que han hecho de ellos.» (Pividal. Íbidem, pg 37) y más adelante señalaba proféticamente: «Yo os declaro, pueblos, ¡que ninguno puede poseer vuestra soberanía, sino violenta e ilegítimamente! Huid del país donde uno solo ejerza todos los poderes: es un país de esclavos. Soy un simple ciudadano, que prefiere siempre la libertad, la gloria y la dicha de mis conciudadanos, a mi propio engrandecimiento”.» (Íbidem, pg 42)
Simón Bolívar también organizó congresos continentales, creó una ética política y militar y sentó las bases del nuevo derecho americano. En el Congreso Anfictiónico de Panamá, El Libertador vislumbra el devenir y plantea la génesis de pactos regionales.
Pero no solamente la espada era su instrumento de liberación, también era conocedor del poder de la palabra. Escribió alrededor de diez mil cartas, y utilizó la imprenta de tal modo que los colonialistas aseguraban que la imprenta fue la primera de las armas del Libertador, y desde la “fundación del «Correo del Orinoco» (1919) hasta 1.830 contribuyó a editar durante la República más de 30 publicaciones periódicas (diarios, revistas, semanarios, etc.) (Pividal, Íbidem, pág 11)
Bolívar siempre fue sabedor de la necesidad de la instrucción pública, proyecto al cual incorporó a su propio Maestro Simón Rodríguez, con la propuesta, aun en plena campaña libertadora, de «atraer a los sabios de todas partes, con la mayor generosidad, consciente de que éste era el camino que habría que seguir para construir la América soñada, desde los días en que su pensamiento se abrió ansiosamente a la tarea de hacer realidad las ansias de progreso». (Ramos Pérez D. pg 96)
Son famosos sus escritos sobre instrucción pública, calidad de los educadores y del significado que tenía la educación para elevar el nivel de vida de los pueblos hispanoamericanos. En este campo es famosa su sentencia de que «Un pueblo ignorante es presa fácil de manipulación y de su propia destrucción»
Todo lo anterior nos lleva a considerar la enorme complejidad del pensamiento del Libertador que contempló, además de los escritos militares, políticos, de Estado, escritos sobre la conservación de bosques y aguas, defensa de animales, así como escritos en derechos humanos, derechos de gentes y de guerra.
El Sueño Integracionista de Bolívar
El sueño integracionista del Libertador nace de la maduración de su pensamiento político, el cual va avanzando en la medida en que se van produciendo hechos. Estos hechos son analizados, mirados, por la mente aguda de Bolívar que poco a poco lo llevan a definir este sueño que ilumina la figura del venezolano.
Lo que hoy es conocido como el « affaire de las goletas Tigre y Libertad», en julio y agosto de 1818 marcaría profundamente la mente de Bolívar. El 29 de julio de ese año, escribe al agente de los Estados Unidos, Bautista Irving: «Los ciudadanos de los Estados Unidos, dueños de las goletas Tigre y Libertad, (…) olvidando lo que se debe a la fraternidad, a la amistad y a los principios liberales que seguimos, han intentado y ejecutado burlar el bloqueo y el sitio de las plazas de Guayana y Angostura, para dar armas a unos verdugos y para alimentar unos tigres, que por tres siglos han derramado la mayor parte de la sangre americana, ¡la sangre de sus propios hermanos!».
Señalando y puntualizando más adelante: «si las naciones neutrales hubiesen obligado a nuestros enemigos a respetar estrictamente el derecho público, y de gentes, nuestras ventajas habrían sido infinitas, y menos tendríamos que quejarnos de los neutros. Pero ha sucedido lo contrario en todo el curso de la presente guerra». Y quejándose de la complacencia con que miraban los excesos de los españoles decía:
«No se ha visto, sin embargo, que ninguna potencia marítima haya reprimido este abuso tiránico y atroz, cuando todas las naciones marítimas son más fuertes que la España” y como si fuera hoy leemos lo que decía a continuación: Pretender, pues, que las leyes sean aplicables a nosotros, y que pertenezcan a nuestros enemigos las prácticas abusivas, no es ciertamente justo, ni es la pretensión de un verdadero neutral.»
Desde la misma Angostura escribe el 6 de agosto de 1818 al Sr. Irving: «Desde el momento en que este buque introdujo elementos militares a nuestros enemigos para hacernos la guerra, violó la neutralidad, y pasó de este estado al beligerante: tomó parte en nuestra contienda a favor de nuestros enemigos, y del mismo modo que, si algunos ciudadanos de los Estados Unidos tomasen servicio con los españoles, estarían sujetos a las leyes que practicamos contra éstos.»
Su mente compleja lo lleva a señalar, como si estuviera viendo lo que sucede hoy, que « ¿no sería muy sensible que las leyes las practicase el débil y los abusos los practicase el fuerte? Tal sería nuestro destino si nosotros solos respetásemos los principios y nuestros enemigos nos destruyesen violándolos».
El 20 de agosto de 1818, también desde Angostura, aclara al Sr. Irving: «comerciantes neutros no deben abandonar su profesión para hacerse partidarios políticos. (…) Si la utilidad de los pueblos neutros es el origen y fundamento para no excluirlos del comercio de la potencias en guerra (…) La imparcialidad que es la gran base de la neutralidad desaparece en el acto en que se socorre a una parte contra la voluntad bien expresada de la otra, que se opone justamente y que además no exige ser ella socorrida.»
Para que no quedaran dudas sobre lo que se refería puntualizó: «Hablo de la conducta de los Estados Unidos del Norte con respecto a los independientes del Sur, y de las rigurosas leyes promulgadas con el objeto de impedir toda especie de auxilios que pudiéramos procurarnos allí. Contra la lenidad de las leyes americanas se ha visto imponer una pena de diez años de prisión y diez mil pesos de multa, que equivale a la de muerte, contra los virtuosos que quisiesen proteger nuestra causa, la causa de la justicia y de la libertad, la causa de América.»
Esta actitud de los Estados Unidos y su alinderamiento con España, hace expresar al Libertador: «La extrema repugnancia y el dolor con que recuerdo estos actos, me impiden continuar exponiéndolos», que produce su razonamiento de si no «sería necesario declararnos fuera del derecho de las gentes, y consiguientemente sin obligación de respetarlo», situación que lo lleva a elaborar ante las amenazas de las potencias extranjeras, la Declaración de la República de Venezuela, publicada en el Correo del Orinoco, No 16, 30 de enero de 1819, la cual en su parte final declara al mundo, como si fuera hoy: «…está resuelto el pueblo de Venezuela a sepultarse todo entero en medio de sus ruinas, si la España, la Europa y el mundo se empeñan en encorvarla bajo el yugo español».
Bolívar ha vislumbrado ya con quienes puede contar. Sabe más que nadie y como nadie, quiénes son amigos reales de la causa independentista, sus profundas y complejas razones desde el punto de vista políticas y estratégicas lo lleva a plantear que «los americanos e ingleses son nuestros amigos, pero neutros: la cuenta no es igual. Siempre los tiranos se han ligado y los libres jamás. ¡Desgraciada condición humana!». (Carta a Santander, Chancay, 10 de noviembre de 1824).
Consideración que refuerza la posición ya adoptada de rechazar toda asociación continental con los Estados Unidos, ante la torcida política estadounidense en relación, no sólo de las goletas referenciadas antes, sino sobre todo la posición sobre la independencia del Sur del continente, incluyendo claro está la posición sobre la independencia de Cuba y Puerto Rico.
El 23 de diciembre 1822 escribe al general Santander desde Ibarra: «Cuando yo tiendo la vista sobre la América la encuentro rodeada de la fuerza marítima de la Europa, quiere decir, circuida de fortalezas fluctuantes de extranjeros y por consecuencia de enemigos. Después hallo que está a la cabeza de su gran continente una poderosísima nación muy rica, muy belicosa, y capaz de todo; enemiga de la Europa y en oposición con los fuertes ingleses que nos querrán dar la ley, y que la darán irremisiblemente», definiendo una de las características del imperialismo muchísimo antes de que Lenin escribiera su libro sobre este tópico.
Es en ese mismo 1822 cuando le da cuerpo a su propuesta integracionista: Llevar a cabo una asamblea de plenipotenciarios de cada Estado «que nos sirviese de consejo en los grandes conflictos, de punto de contacto en los peligros comunes, de fiel intérprete en los tratados públicos cuando ocurran diferencias, y de conciliación, en fin, de nuestras diferencias.»
Sus previsiones sobre los imperios consolidados y el naciente imperio están plasmados en carta que envía a Bernardo Monteagudo, desde Guayaquil, el 5 de agosto de 1823, tras rehusar el gobierno de Buenos Aires la propuesta de federación porque entre otras cosas se quejaba de «que por qué no se ha convidado la América del Norte» y proponen otro proyecto de confederación mandado de Lisboa, que hizo escribir al Libertador: «Luego que la Inglaterra se ponga a la cabeza de esta liga seremos sus humildes servidores, porque una vez formado el pacto con el fuerte, ya es eterna la obligación del débil. Todo bien considerado, tendremos tutores en la juventud, amos en la madurez y en la vejez seremos libertos. (…) Convidan a los Estados Unidos por aparentar desprendimiento y animar a los convidados a que asistan al banquete; después que estemos reunidos será la fiesta de los Lapitas, y ahí entrará el León a comerse a los convivíos.»
La propuesta integracionista de Bolívar va dirigida a los pueblos y gobiernos hispanoparlantes, no a conformar un panamericanismo, y en la Convocatoria del Congreso de Panamá, firmada en Lima, el 7 de diciembre de 1824, plantea: «Después de quince años de sacrificios consagrados a la libertad de América por obtener el sistema de garantías que, en paz y guerra, sea el escudo de nuestro destino, es tiempo ya de que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las repúblicas americanas, tengan una base fundamental que eternice, si es posible, la duración de estos gobiernos.Entablar aquel sistema y consolidar el poder de este gran cuerpo político, pertenece al ejercicio de una autoridad sublime que dirija la política de nuestros gobiernos, cuyo influjo mantenga la uniformidad de sus principios, y cuyo nombre sólo calme nuestras tempestades. Tan respetable autoridad no puede existir sino en una asamblea de plenipotenciarios, nombrados por cada una de nuestras repúblicas y reunidos bajo los auspicios de la victoria obtenida por nuestras armas contra el poder español.»
El sueño bolivariano se vé claramente plasmado en este documento cuando expresa: «El día que nuestros plenipotenciarios hagan el canje de sus poderes, se fijará en la historia diplomática de América una época inmortal. Cuando, después de cien siglos, la posteridad busque el origen de nuestro derecho público, y recuerden los pactos que consolidaron su destino, registrarán con respeto los protocolos del Istmo. En él encontrarán el plan de las primeras alianzas, que trazará la marcha de nuestras relaciones con el universo. ¿Qué será entonces el Istmo de Corinto comparado con el de Panamá?».
Su trabajo deviene frenético en procura de plasmar su idea. Escribe cartas, aclara conceptos, refuta los errados y previene a Santander de su propuesta de invitar a los Estados Unidos, que ya estaba trabajando entre bambalinas para hacer fracasar el Congreso. El 8 de mayo de 1825 escribió a Santander, ya definido proyanqui, quien sin consultar a Bolívar invitó a los Estados Unidos al Congreso Anfictiónico de Panamá, lo siguiente: «Los ingleses y los norteamericanos son unos aliados eventuales y muy egoístas». También desde Cuzco, el 28 de junio de 1825, escribe a Santander la opinión que le merecen los Estados Unidos respecto de la unión de los países hispanoamericanos: «Los señores americanos serán sus mayores opositores, a título de la independencia y la libertad; pero el verdadero título es por egoísmo y porque nada temen en su estado doméstico.»
Terminada la guerra magna, las ambiciones de los subalternos y los oligarcas salen a flote y no titubean en tratar de eliminar a quienes los atajaban. Toda clase de maquinaciones continuaron contra El Libertador y hasta se llegó a atentar contra su vida el 25 de septiembre de 1828, del cual salió ileso gracias a la intrépida acción de Manuelita Sáenz –La Libertadora- su leal compañera, atentado organizado por «los septembristas de Bogotá»,
dirigidos por Santander, a quien extrañamente Bolívar perdona la vida, en premonición de lo que seguiría años después con el asesinato de Sucre, con apenas 35 años, en Berruecos, el 4 de junio de 1830, crimen organizado por los septembristas de Bogotá.
Fracasado el Congreso Anfictiónico, al que sólo asistieron, a pesar de haber sido invitados todos los Estados Hispanoamericanos, delegados de Perú, México, Centroamérica y Colombia, Bolívar decepcionado expresa: «Su poder será una sombra y sus decretos, consejos, nada más.»
En Guayaquil, el 5 de agosto de 1829, el Libertador Simón Bolívar escribió a Patricio Campbell la famosa frase que recoge su experiencia:
« Los Estados Unidos que parecen destinados por la Providencia
a plagar la América de miserias en nombre de la
Libertad. »
La República o la traición de las élites criollas
Las élites criollas de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, se apoderaron del Estado y el poder, y el ejercicio de ese poder continuó y consolidó aun más el proceso de exclusión de los excluídos, desarrollando la «guerra biopolítica» heredada de sus ancestros y continuando con el proceso interno de aculturación de los indios, negros, mestizos, mulatos, zambos.
El excluído no posee siquiera la ciudadanía y por ende no tiene derechos, por tanto no tiene acceso a la educación y de esta manera es excluído del conocimiento de los avances económicos, científicos, culturales, artísticos, en configuración de un colombiano con incapacidad para mirarse a sí mismo, bien adentro, problemática que también sufren las élites en el poder cuyos ojos y mentes estaban presas de la dualidad de ser criollos y pretenderse europeos, que se vestían según el grito de la moda en el viejo continente, leían los libros que les llegaban de la Europa ilustrada, vivendo una vida de «camándulas en el día y perversiones sexuales en la noche”, sin un ápice de consideración hacia lo propio, lo autóctono, lo ancestral.
El proceso de exclusión de la «guerra biopolítica» toma entonces la dimensión de la diferenciación entre blancos y negros, blancos e indios, blancos y mestizos, blancos y el otro, que posteriormente es referenciada a nivel de partidos políticos como diferenciación entre liberales y conservadores, en donde no cabe el «otro», un tercero, que no puede ser englobado por la visión maniquea simplista de nuestra vivencia e historia cultural, que toma dimensiones cataclísmicas ya no con la eliminación del indio, del negro, del mestizo, sino con la negación del «otro», el diferente-divergente, al cual se procede a eliminar físicamente, en aplicación ciega de las doctrinas foráneas del imperio que el Libertador Simón Bolívar nos avisó de su advenimiento funesto.
Las acciones generan reacciones, en una compleja red de interrelaciones y dependencias, y la resistencia de los excluídos ha tomado diferentes vías y direcciones, lo que ha desencadenado la expresión brutal, sistemática, de la «guerra biopolítica» aplicada desde los tiempos de los antepasados, y hoy Colombia, los colombianos, padecen una guerra civil que en el día a día ahonda más las diferencias, impide una mirada al adentro propio, que conlleva al cerramiento ideológico, grupal, a pesar de los esfuerzos de muchos por encontrar una solución “«civilizada» a tan compleja problemática.
Nuestras desgracias toman otra dimensión, aún más dramática si es posible calificarla como tal, con la intromisión de poderes, intereses y apetitos externos y extranjeros a los colombianos, que condicionan e imponen por medio de la violencia, el impedimento de un entendimiento entre colombianos, que nos impide que nos miremos a la cara, y en ese mirar profundicemos nuestro auto-conocimiento y el redescubrimiento del otro, ese otro que de una manera u otra, que siempre y dependiendo de las miradas, siempre ha estado ahí, delante de nosotros, entre nosotros y muy adentro de nosotros.
¿La Inhumanidad es característica humana?
Como vemos, históricamente en América hemos vivido la imposición de un paradigma que nos ha des-humanizado y nos ha in-humanizado, en lo que Edgar Morin llama la noosfera, es decir «esfera de las cosas de la mente, saberes, creencias, mitos, leyendas, ideas, en la que los seres nacidos de la mente, genios, dioses, ideas fuerza, han tomado vida a partir de la creencia y la fe», los cuales se «autotrascienden a partir de la formidable energía psíquica que sacan de nuestros deseos y de nuestros temores.(…) y pueden disponer de nuestras vidas o incitarnos al asesinato. No son sólo los humanos quienes se hacen la guerra por la mediación de dioses y religiones, son también dioses y religiones los que se hacen la guerra por la mediación de los humanos» (pg 50)
Planteamiento que nos lleva a entender el proceso de exclusión vivido hasta ahora, pero que hace surgir otros interrogantes: ¿La inhumanidad es esencialmente una característica humana?
Si consideramos que «la esclavitud, el campo de concentración, el genocidio, y finalmente todas las inhumanidades, son reveladoras de humanidad», para entender estos actos de inhumanidad debemos pensar que, con Morin, «el principio de reducción y disyunción que han reinado en las ciencias, incluidas las humanas (que de este modo se han vuelto inhumanas), impiden pensar lo humano. El ser estructuralista ha hecho virtud de este obstáculo y Lévi-Strauss incluso pudo enunciar que el fin de las ciencias humanas no es revelar al hombre, sino disolverlo.» (Morin. pg 15)
Entendamos entonces que si es «el modo de conocimiento lo que inhibe nuestra posibilidad de concebir lo complejo humano» debemos, para humanizar el ser humano, desarrollar una mediación pedagógica no solamente para que el ser humano viva como humano, sino que como humano viva en la humanidad, para lograr un cambio paradigmático que haga énfasis en los actos noológicos de humanidad del ser humano, los cuales aventajan con creces los actos de inhumanidad ya que sin ellos –los actos humanos- no existiría la vida en el planeta Tierra ni el planeta mismo.
Ese proceso de humanización debe ser paso previo hacia la universalización del ser humano, en la categorización que «cuando el sujeto puede abrir su Nosotros al otro, a sus semejantes, a la vida, el mundo, se vuelve rico en humanidad» y en la aceptación dialéctica-dialógica de que «el otro es a la vez el semejante y el desemejante», con sus multipersonalidades y sus multipropósitos: vivir, amar, procrear, trascender, etc, etc. (Morin. pg 84-89)















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